Eduardo
es un pintor que vive atormentado por la muerte en accidente de tráfico de su
mujer y su hija hace catorce años. Aunque trató de vengar dicha muerte, las
consecuencias han sido trágicas y ha pasado varios años recluido en una institución
mental.
Un día,
es contratado por Gloria, una violinista de prestigio y divorciada de un
cineasta también muy reconocido, para dibujar el retrato de Arthur. ¿Quién es
Arthur? El hombre que, de manera accidental, atropelló a su hijo Ian, quien
falleció en el acto.
Arthur
está en la cárcel desde hace cuatro años, pero sale indultado, aunque
enormemente amenazado de prisión. Todo su afán es encontrar a su hija Aroha,
desaparecida poco antes del fatal suceso que acabó con él entre rejas.
Todos
estos personajes se enlazan a lo largo de la trama, incluyendo personajes de
los bajos fondos, argelinos desarraigados, niños chinos adoptados y mafia china
de trata de mujeres, torturadores sudamericanos… El sufrimiento de unos y de
otros, el amor, la desesperanza, el desaliento extremo de casi todos los
personajes (no recuerdo ninguno que termine de manera feliz), termina
concluyendo de manera redonda y magistral.
No había
leído esta novela de Víctor del Árbol, una de las primeras que escribió, y me
ha parecido estupenda.

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