Comencé
a leer esta tercera entrega de Carme Chaparro, sin recordar muy bien qué había
ocurrido con los personajes en las dos entregas anteriores, Delito y Castigo.
Poco a poco fui recordando (he de reconocer que en ocasiones, con ayuda de la
Inteligencia Artificial).
Carlos
Manso es un magnate del mundo empresarial en España, y controla una gran parte
de los medios de comunicación. Cuando muere grotescamente, el protagonista de
las anteriores entregas, el forense superdotado Santi Munárriz, es el encargado
de realizar la autopsia, certificando muerte natural.
Durante
el funeral, una de las principales colaboradoras de Manso, Elena Aldama muere
por una súbita subida de azúcar. Diagnóstico: muerte natural. Y poco después, su
segundo de a bordo muere trágica y públicamente al caer por unas escaleras y
golpearse la cabeza.
Todas
estas muertes parecen estar relacionadas con Berta Gigliani, la expareja de
Santi, periodista que no aparece en esta novela y que, cuando aparezca, será
para darnos una gran sorpresa.






























