Alicia
estudia oposiciones y mientras tanto, saca un dinero cuidando de un bebé
mientras sus padres trabajan. Rafael, el bebé, da síntomas desde muy pequeño de
una precocidad absoluta, tanto en su movilidad como en el habla. Y, sobre todo,
Alicia no puede comprender la obsesión del niño para dirigirse hacia un punto
en concreto de la ciudad cada vez que vuelven de la escuela infantil.
El
asunto va complicándose a medida que el niño crece, hasta el punto que se ve
obligada a ir a una dirección en concreto, y a subir a un piso del portal. Allí
conoce a una joven, propietaria del piso, donde Rafael se siente como en casa, señala
lugares, coge objetos… Alicia investiga y averigua que allí vivió un niño que
falleció en un accidente hace poco tiempo. ¿Es posible que Rafael sea la
reencarnación de este niño y esté pidiendo justicia?

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