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viernes, 1 de septiembre de 2017

Sucios y malvados


He de reconocer que tardé bastante tiempo en cogerle el hilo a este libro. De hecho, iba por la página 100 (son más de 400) y aún no tenía muy claro de qué iba.
Hay una serie de historias y personajes por los cuales el relato va saltando de capítulo en capítulo. En concreto, el suicidio inicial de un joven que al parecer tiene una buena vida no parece tener explicación, y de hecho no la tiene hasta el final de la novela. Por otra parte, está un joven desequilibrado y obsesivo, víctima de niño de abusos sexuales, que escribe su diario y en él habla de cuatro mujeres: la Tía, la Doña, la Loquera y la Gorda. ¿Quiénes son esas mujeres? Hay que buscarlas entre el resto de las historias entrelazadas que van salpicando la novela de tristes momentos.
Tristes, porque el fondo es sórdido. En el fondo, hay una trama de prostitución y de trata de mujeres; hay hombres que se aprovechan de su poder para abusar de mujeres y niños; hay maltratadores que se sienten por encima de la ley.
Y hay también quien quiere acabar con estos abusos, como los investigadores policiales que se encuentran con varios muertos sobre la mesa, y quien toma, como se dice habitualmente, la calle de en medio. ¿Es lo correcto?  Sí pero no, no pero sí.

Una novela que me ha hecho reflexionar sobre aspectos éticos asociados con el tema de los abusos sexuales, prostitución, etc. No estoy de acuerdo con las afirmaciones de uno de los personajes: “todos son sucios y malvados”, ahora bien, cuando en el camino hay uno que sí lo es, y sale indemne de su crimen, ¿hay soluciones alternativas?

viernes, 16 de junio de 2017

El silencio del pantano


Novela negra un tanto extraña, que transcurre en la ciudad de Valencia (después de asesinatos en Valladolid, Coruña, Gijón… era lo que tocaba). La historia es en realidad, dos historias. Por un lado, una novela clásica protagonizada por un guardia civil, Grau, quien tiene que investigar el asesinato de un insignificante profesor de instituto, antiguo político de izquierdas. La forma de asesinato ha sido tan dolorosa como antigua, pues se trata de un antiguo castigo romano para los parricidas.
Hasta ahí, lo clásico. Grau va investigando, hasta descubrir que la víctima en realidad no era hijo de quien parecía ser, sino que su padre, adicto al régimen franquista, crió a un niño nacido en prisión en 1943… Por ahí sigue el asunto.
Por otro lado, y esto es lo novedoso de la trama, se nos va narrando cómo se escribe el relato. El autor es un periodista retirado que, al comenzar a escribir novelas, comprende que sólo puede escribir lo que ha experimentado, hechos reales, no ficción. Con lo que la salida lógica, ¿cuál es? Comenzar él a asesinar para contar lo que se siente…

Las dos tramas van alternando y, aunque en ocasiones me he liado un poco, no sabiendo exactamente en qué historia estaba, las dos terminan y las dos terminan adecuadamente. Una novela dentro de otra novela, recomendable para pasar un buen rato.