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domingo, 3 de diciembre de 2017

Rosa en flor


La segunda parte de Ocho primos estuvo en mi casa cuando yo era niña, y recuerdo con mucho cariño lo que sentí por estos jóvenes primos, que han crecido tras unos años, y ahora tratan de cumplir sus sueños.
Rosa vuelve de un viaje de dos años con su tío Alec y su fiel amiga Phoebe, y el contexto familiar al que vuelve ya no es el mismo que dejó. Es una joven casadera, y como rica heredera que es, su familia querría que se casara con uno de sus primos, con el fin de que la fortuna permaneciera en la familia. Ella no quiere precipitarse y se dedicará primero a divertirse y después, a las labores filantrópicas que le apasionan.
Su primo Charlie, perdidamente enamorado de ella, tratará de conquistarla. Pero sus exigencias, junto con la dependencia cada vez mayor que tiene el divertido joven con respecto al alcohol, entorpecerán sus fines, pues Rosa debe ante todo respetar a su amado.
Por otro lado, Phoebe y Archie, el primo mayor y responsable, se enamoran. Pero Phoebe no tiene fortuna y el noviazgo será rechazado por la familia, y la orgullosa Phoebe saldrá al mundo a labrarse un nombre y un futuro al que renunciar por amor (en su día no me di cuenta del machismo intrínseco que se esconde en este asunto).

Rosa va floreciendo y tendrá que encontrar el amor para sentirse realizada (otro machismo más). Pero hay que tener en cuenta el momento en el que esta novela se escribió, hace ciento cincuenta años, y quizá nos demos cuenta de que al menos, estamos hablando de mujeres de fuerte carácter pero que, tristemente, supeditan todo al amor de un hombre.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Ocho primos


Louise May Alcott escribió en su día una serie de obras juveniles o no, de carácter marcadamente moralista. La segunda parte de esta novela estuvo en mi casa cuando era niña, y la recuerdo con mucho cariño. Por eso, cuando cayó en mis manos la posibilidad de leer este pequeño exponente de la literatura del siglo XIX estadounidense, no lo dudé.
Rosa es una niña de trece años que acaba de quedar huérfana de padre, tras serlo también de madre desde hace muchos años. Queda al cuidado de su tutor, su tío Alec, y del resto de su numerosísima familia, compuesta por tíos y tías, tías abuelas y, sobre todo, sus siete primos. Rosa es una rica heredera, y en su casa vive como criada la pequeña Phoebe, que se acaba convirtiendo en una amiga fiel para ella.

La educación y las normas que su tío Alec propone para Rosa se basan en el sentido del honor, la moralidad y el trabajo, nunca reñido con la diversión con los primos. Primos que son muy diversos: el responsable Archie, el despistado Mac, el príncipe Charlie, el dandy Steve… cada uno con su carácter, fielmente reflejado por la escritora, que, aunque centrándose en su protagonista Rosa, no deja de lado a ninguno de los chicos.

martes, 3 de enero de 2012

Aquellas mujercitas


Tras leer “Mujercitas” no pude evitar recordar que, en mi niñez, también cayó en mis manos su continuación “Aquellas mujercitas”, y lo busqué. Con el mismo tono amable del primer tomo, Louise M. Alcott continúa relatando la vida de estas cuatro hermanas.
El título original es, en realidad, “Good wives” o “Buenas esposas”. También lo he visto traducido como “Las mujercitas se casan”. De cualquier manera, esta segunda parte relata no ya la niñez y adolescencia de las hermanas, sino la juventud y sus matrimonios.
Impactante y por supuesto, lacrimógena, es la muerte de Beth, cosa que veíamos venir desde el primer libro. Supongo que no todas las hermanas podían tener un matrimonio feliz.
La autora es la segunda de cuatro hermanas y su obra, sin ser autobiográfica, pues ella nunca se casó, sí que guarda grandes similitudes con su vida personal.

Mujercitas

Encontré “Mujercitas” en Navidad en casa de mis padres y no pude evitar releerlo, tras quizá veinticinco años o más. Es un libro antiguo, indudablemente; es ñoño, también. No es de este siglo XXI, ni tampoco del pasado. Pero no deja de tener un aire bello, nostálgico y amable. Las andanzas de estas cuatro muchachas (Meg, Jo, Beth y Amy) y de su amigo Laurie pueden, incluso hoy, enseñar algo bueno sobre el amor, el perdón y la solidaridad.