Leí esta
novela hace veintiún años, en la época de dar a luz a mi hijo pequeño. Hace
poco tiempo estuve hablando de ella y sentí el impulso de volver a leerla.
La historia
transcurre básicamente en la Australia profunda a principios del siglo XX. Una
familia, los Cleary, se asientan en Drogheda, una enorme finca, propiedad de una
familiar. Allí, Paddy Cleary y Fee Cleary se encargarán de sacar adelante a su
numerosa familia, compuesta casi exclusivamente de hijos varones, salvo la
preciosa Meggie.
Meggie
es una niña al llegar a Drogheda, y de inmediato el padre Ralph de Bricassant,
sacerdote del pueblo, se sentirá irremediablemente unido a esta niña a la que
acogerá en su seno. Pero Meggie va creciendo, y el amor que siente por el padre
Ralph se trocará en un sentimiento que tiene ya un componente romántico. Meggie
es muy inocente y apenas tiene contacto con el mundo más allá de su familia, y
no comprende las implicaciones de ese amor.
Y este
es el origen, el nudo y el desenlace de esta maravillosa historia: el amor imposible
entre Meggie y Ralph y todo lo que desencadena a su alrededor.











































