Cuatro
años después de la muerte del patriarca, la familia Pelletier aún la sufre,
pero la vida ha continuado. Jean y Genevieve tienen una buena posición
económica y ella sigue siendo tan malvada como siempre, martirizando a su hijo
Philippe y teniendo una extraña relación con su hija Collette. Helene y Francoise,
junto con sus parejas e hijos, continúan en sus rutinas familiares y laborales.
Cuando
un día Francoise tiene una sospecha, no podrá quitársela de la cabeza. Y esa sospecha
es la siguiente: su hermano mayor, Jean, es un asesino. Su mente analítica y su
espíritu de periodista le llevarán a investigar, muy a su pesar, y a pasar unos
meses febriles de inquietud y silencios conyugales.
Todo se
resolverá de una manera abrupta cuando entre en escena un personaje al que
llevamos conociendo desde el principio de la novela, en una historia paralela.
Pierre Lemaitre tiene la facultad de “acabar” magistralmente una novela (en
este caso una tetralogía), dejando a cada personaje donde tiene que estar.












































