La
historia va dando saltos en tres momentos diferentes. Por un lado, en Alemania,
años 50, una joven va con su marido y con su hermana a trabajar, supuestamente
para conseguir un futuro mejor. Allí comparten vivienda con un viudo y con su
hijo, un joven adolescente al que su padre no trata bien. Los malos tratos
tanto físicos como psicológicos son continuos, hasta el punto de que la joven
intenta intervenir, pero no recibe respuesta ni de su esposo, ni de su hermana,
ni de los servicios sociales.
En
Valladolid, años 70, esta misma mujer es una enferma terminal. Su hija
preadolescente se encarga de su cuidado, a la vez que un psicópata (o quizá
dos) rapta a niñas de esa misma edad para abusar de ellas. Ella sospecha de
aquel joven que en Alemania era maltratado y ya daba incluso miedo con algunas
de sus actitudes.
Ya
en la actualidad, la niña es una mujer obsesionada con el cuidado y la
vigilancia de su hijo. Cuando un episodio le hace perder el control, intenta
retrotraerse a su infancia y tratar de comprender qué pasó en aquella época de
miedo en las calles de Valladolid.

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