La
lectura de esta novela da escalofríos. Nos plantea preguntas y comprendemos que
a veces el sufrimiento que está a nuestro lado puede ser invisible.
Un
niño es feliz en el instituto, es listo, saca buenas notas, tiene amigos. Pero
un mal día, el chulo de su clase, el gamberro, le pide que le pase un examen, y
él dice que no. Este pequeño conflicto le atemoriza, y el otro lo sabe, lo ve,
y comienza un acoso escolar en toda regla. La descripción de todo lo que va
sintiendo hace sufrir, y sobre todo cuando vives en un mundo como el mío, donde
siempre temes no haber visto lo suficiente.
El
niño no entiende cómo es posible que nadie le ayude, que nadie intervenga para
hacerle frente al malo. Y la explicación que le convence es muy clara: es invisible,
nadie le ve, por eso nadie le ayuda.
Una
novela durísima sobre el acoso escolar, que no olvidaré.

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