Julián
Leal es un inspector de policía que ha sido apartado del cuerpo y se enfrenta a
una pena de cárcel tras pegarle una paliza a un empresario. No ha contado las
razones, que se irán desvelando a lo largo de la novela.
Julián
realiza un viaje a sus orígenes, a su pueblo, del cuál se fue cuando era un
niño, tras la muerte de su padre. Allí retomará el contacto con su pandilla de
chicos y discutirá públicamente con la dueña del único bar. Cuando esta
aparezca muerta y el único testigo desaparezca, Julián se convertirá en el
principal sospechoso. Una trama se va tejiendo a su alrededor, en la que el
narcotráfico juega un papel especial.
Pero no
el único, pues el abuso de menores está como trasfondo de todo lo que Julián
sigue investigando por su cuenta. A la vez, una joven periodista heroinómana
está en contacto con él y acabará jugando un papel importante.
Y un
sicario, del que apenas conocemos nada, narra en primera persona su papel en la
trama.
Esta es
la primera entrega (y yo lo desconocía) de la saga Sicario de Víctor del
Árbol, tendré que releer la segunda para ponerme con la tercera.

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