La palabra es adictivo.
Lo he devorado en unas pocas horas. Engancha desde el minuto uno, con la
primera escena (que en realidad corresponde al desenlace). Después, vamos entrando
en la vida de Marta Aguilera, una joven periodista a la que diagnostican un
tumor cerebral que acabará con su vida en aproximadamente dos meses. Marta sufre
un shock y no sabe qué hacer con el poco tiempo que le queda, pero pronto
encontrará una misión: actuar allí donde la justicia no ha conseguido llegar, y
asesinar a asesinos que están en libertad.
Todo tiene una
explicación, y la primera víctima se produce casi por accidente. Pero Marta
comprende que puede matar, que no sufre por ello, y que no tiene familia que
verdaderamente vaya a sufrir las consecuencias de sus actos cuando ella no esté.
Así que, ¿por qué no seguir haciendo justicia?
La inspectora Gutiérrez
será la encargada de perseguir a Marta Aguilera, inmersa como está también en
sus fantasmas y en sus problemas familiares. Un duelo entre dos mujeres
inteligentes y poderosas, que no he podido parar de leer hasta que he
terminado.
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